Viaje al corazón de Flandes: Amberes, Brujas, Gante y Bruselas

Hoy volvemos con un post de viajes, de los que más nos gustan. Esta vez para volar hasta el corazón de Flandes.
Aunque no pudimos disfrutar del ambiente navideño, como nos hubiera gustado, si se podía sentir algo especial, el frío y la inmensidad de tiendas de chocolate ayudaron.
Nuestras paradas fueron Amberes, Brujas, Gante y Bruselas. Cada una de estas ciudades tienen un encanto peculiar.
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Nuestra primera parada fue Amberes, personalmente no era la ciudad que más nos impresionó, pero sí la primera sensación fue de expectación al ver la estación de trenes, de estilo neobarroco; con razón es catalogada como una de las estaciones más bonitas del mundo. Dirigiéndonos al centro histórico, la siguiente parada fue Grote Markt, sin duda, la plaza más característica de Amberes rodeada de edificios del s.XVI , y custodiada por la estatua de Brabo, la figura mítica más famosa de la ciudad. Se dice que Brabo cortó la mano del gigante Antígono, que cobraba un impuesto excesivo por entrar a la ciudad por el río. La estatua representa a Brabo lanzando la mano del gigante al río Escalda. De este paseo turístico por la ciudad no podíamos olvidarnos de visitar el histórico castillo Het Steen.

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El segundo día fue uno de los que más disfrutamos en este viaje. Desde Bruselas nos dirigimos hacia dos ciudades de cuento, Brujas y Gante. Sus paisajes, el verde de sus campos, cada pintoresco rincón de las ciudades, la inmensidad de tiendas de chocolate que había en cada calle, te envolvían en una historia de magia y fantasía. Aunque en un día puedes hacer el trayecto a las dos ciudades, debes tener en cuenta que es fundamental madrugar y aprovechar las horas de sol, sobre todo si viajas en invierno. Como la mayoría de ciudades europeas cuentan con ese inconveniente para hacer turismo y fue el motivo que nos impidió ver Gante al detalle.

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Aunque llevábamos dos días en la capital de Bélgica, no fue hasta el tercer día cuando la conocimos de lleno. Y la espera mereció la pena, Bruselas nos enamoró. La limpieza de su ciudad, la tranquilidad con la que se paseaba por sus calles, aunque el tiempo no nos acompañó (nunca te olvides del paraguas), la amabilidad de sus paisanos, y sobretodo su historia tan apasionante.

Si algo hemos aprendido en nuestros viajes es que si no queremos perdernos detalles y conocer lo más recóndito que puede tener un lugar es que algún experto nos lo cuente. La mayoría de ciudades cuentan con Free Tour, que siempre son una opción acertada para conocer más a fondo las ciudades.

Hablando de Bruselas, os recomendamos todo, la visita obligada a la Grand Place, desde donde podemos pasear degustando un buen gofre. Cerca de esta histórica plaza las más fashionistas no pueden olvidar pasar por las Galerias Saint Hubert , como por su parte,  los más adictos a las cerveza pueden encontrar su paraíso cervecero en el Delirium Tremens con más de 3000 tipos , situado en un callejón estrecho a escasos metros de la Grand Place, y donde justo en frente del bar se sitúa casi de manera oculta la pequeña estatua hermanada con el Manneken-Pis, estatuas cuyas historias nos fascinaron más incluso que las propias esculturas.

Hablando de gastronomía no podemos olvidarnos del increíble chocolate belga, no existe calle que no cuente con tienda alguna. Típicos y de categoría son también los mejillones que, sin duda, se convierten en un reclamo turístico.

Y si de turismo queremos seguir, necesitamos más días para recorrer la ciudad, no olvides la visita al Parlamento Europeo, El Parque del Cincuentenario o el Atomium, este último se quedó fuera de nuestra agenda pero sin duda será lo primero que visitaremos cuando volvamos, ¡hasta pronto Bélgica!.

 

 

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